Filmar lo invisible: la fe en Dreyer y el amor en Borzage
Proyectar La Passion de Jeanne d’Arc (La pasión de Juana de Arco, 1928), de Carl Theodor Dreyer, y 7th Heaven (El séptimo cielo, 1927), de Frank Borzage, supone volver a un momento muy particular de la historia del cine: los últimos años del cine mudo, cuando el cine había desarrollado ya una enorme capacidad expresiva y podía sostener obras de gran intensidad emocional y humana únicamente a través de las imágenes, los rostros, la luz, el montaje y la música en directo. Ambas películas pertenecen a ese momento de plenitud y hoy se consideran, de forma casi unánime, dos obras maestras de la historia del cine.
Aunque a primera vista puedan parecer muy distintas —una, el proceso y martirio de una santa; la otra, la historia de amor entre dos seres humildes en el París de la Primera Guerra Mundial—, las dos películas comparten algo esencial: ambas intentan filmar lo invisible. Dreyer filma la fe. Borzage filma el amor. Pero, en el fondo, en estas películas, fe y amor aparecen como una misma fuerza interior, capaz de sostener a los personajes frente al sufrimiento, la injusticia o la guerra.
En ambas, el verdadero drama no se desarrolla tanto en el exterior como en el interior de los personajes, y ese interior se refleja en el rostro. Dreyer lleva el primer plano hasta un extremo nunca visto: el rostro de Renée Falconetti ocupa la pantalla como si fuera un paisaje. La actriz, que con 35 años encarnaba a la joven de 19, ofreció lo que muchos consideran una de las mayores interpretaciones de la historia del cine; curiosamente, nunca volvió a actuar en otra película después de este papel. No vemos simplemente a una mujer siendo juzgada; sentimos su miedo, su soledad, su resistencia y su firmeza en cada mirada y en cada gesto. La película se basa fielmente en las actas reales del juicio de Juana de Arco en 1431, condensando meses de interrogatorios en un solo día dramático de intenso enfrentamiento entre la fe inquebrantable de Juana y el poder institucional que la juzga por herejía. Con el tiempo, la película se ha convertido en una obra fundamental de la historia del cine, y el rostro de Falconetti, en una de sus imágenes más emblemáticas.
Borzage hace algo muy parecido a Dreyer, aunque de una forma más luminosa y aparentemente más sencilla. En 7th Heaven los rostros de Janet Gaynor y Charles Farrell están filmados con una delicadeza extraordinaria. La pequeña buhardilla donde viven los dos protagonistas, a la que se accede por una interminable escalera, se convierte en su “séptimo cielo”: un lugar fuera del mundo, suspendido por encima de la miseria, la violencia y, más tarde, la guerra. Borzage no filma el amor como un simple sentimiento romántico, sino como una fuerza capaz de proteger, de salvar, de mantener unidos a los personajes incluso cuando todo parece separarlos. La película fue uno de los grandes éxitos de su época y obtuvo varios de los primeros premios Óscar de la historia: Janet Gaynor recibió el primer Óscar a la mejor actriz por su trabajo en 7th Heaven junto con Sunrise: A Song of Two Humans (Amanecer, F. W. Murnau, 1927) y Street Angel (El ángel de la calle, Frank Borzage, 1928), y Borzage recibió a su vez el Óscar a la mejor dirección.
Las dos películas, en el fondo, son películas sobre el sufrimiento y la elevación. Juana de Arco es humillada, interrogada, condenada y finalmente ejecutada, pero cuanto más sufre, más firme y más serena parece. Chico y Diane, en 7th Heaven, viven en la pobreza; la guerra los separa, todo conspira contra ellos, pero su amor los mantiene por encima de su destino. En ambas películas, la fe y el amor aparecen como una fuerza capaz de ayudar al ser humano a trascender el dolor.
Ver hoy estas obras, casi cien años después de su estreno, y hacerlo además con acompañamiento de piano en directo, permite acercarse a ellas de una manera muy próxima a cómo se proyectaban en su época. En los años del cine mudo, la música formaba parte esencial de la proyección y acompañaba la película de principio a fin, marcando el ritmo y subrayando la emoción y la atmósfera de las imágenes. En esta ocasión, el pianista y compositor Filipe Raposo, referente europeo en el acompañamiento de cine mudo, vuelve a encargarse de la interpretación musical en directo.
La Iglesia de Santo Domingo, declarada Monumento Nacional en 1931 y hoy Bien de Interés Cultural, es uno de los espacios patrimoniales más emblemáticos de la ciudad de Tui. Su historia, su arquitectura y sus singulares condiciones acústicas convierten este lugar en un marco especialmente significativo para una proyección de estas características. En este entorno, la música en directo y las imágenes del cine mudo encuentran un espacio distinto al de una sala convencional, y la proyección adquiere una dimensión especial, acorde con el tono de estas películas, donde el sufrimiento, la fe, el amor y la esperanza se presentan como experiencias de transformación y de elevación humana.
Una ocasión verdaderamente extraordinaria e irrepetible para reencontrarnos con estas dos obras maestras del cine mudo.
Filipe Raposo es pianista, compositor y arreglista. Formado en Lisboa y Estocolmo, ha trabajado con orquestas internacionales y actuado en escenarios como Bozar, São Paulo o la Fundación Gulbenkian. Su trabajo para cine, teatro y ópera ha sido reconocido con premios como el Sophia a Mejor Canción Original y la Mejor Banda Sonora en el festival de Coimbra por Refrigerantes e Canções de Amor, y más recientemente, con el premio a Mejor Banda Sonora en el Festival de Málaga por la película Lo que queda de ti. Entre sus grabaciones más recientes destacan The Art of Song Vol. 2: Between Sacred and Profane (2023), O Primo Basílio (2024) y Variações do Brancø Vol. 3 (2025).
El séptimo cielo – VIERNES 1 DE MAYO – 22:30h
La pasión de Juana de Arco – DOMINGO 3 DE MAYO – 22:30h