En una fábrica tiene lugar una asamblea partidista en la que un joven ingeniero acusa a la empresa de producir de manera insuficiente. Cuando comienzan a lanzarse graves acusaciones contra él y acaba conviertiéndose en el chivo expiatorio, nos damos cuenta de que en el fondo lo que se pretende es llevar a cabo una purga política. En Happy End Lozinski deja de lado el documental puro y experimenta con provocar situaciones, algo que se repetirá en sus siguientes trabajos.