Kidlat Tahimik

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Kigeki: Collagen eines kosmopolitischen Pelikula Makata (¡claro que sí!)

Por Olaf Möller

Kidlat Tahimik estudió en los dos mejores centros que podría pisar nunca un realizador: primero cursó Economía en la nación del antiguo invasor, en la Wharton School de la University of Pennsylvania (que resulta que es el mismo lugar al que asistió un inversor de peinado ridículo, incompetente para los negocios, afectado de problemas lingüísticos a la vez que adicto a Twitter y que ahora porfía en querer ocupar el último lugar en la clasificación histórica de presidentes de los EE. UU.); después vivió en una comuna, entre estudiantes de cinematografía, en un destino exótico llamado Baviera, situado en el sur de un país extraño que llevaba por nombre República Federal de Alemania, donde observó lo que hacían aquellos y se quedó con el puñado de cosas que le parecieron útiles (en vez de escuchar a los profesores que le decían lo que era importante, información que luego, con los años, quedó tranquilamente olvidada); entremedias, trabajó para la OCDE (la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) en París, lugar demasiado deprimente como para permanecer allí, probablemente porque le demostró a Tahimik lo acertado de las cosas de las que hablaba en su trabajo de fin de máster; nadie quiere saber que sus pesadillas son cine directo. Tahimik, por cierto, aún se llamaba por entonces Eric de Guia.

Turumba (1981), su segunda cinta, que en realidad es la tercera, se presenta como comedia gruñona basada en una historia incluso más rara que está tomada de la vida de Tahimik: la que lo lleva a Baviera. En Turumba, una tipa capitalista de Alemania Occidental llega a Laguna, provincia fronteriza con Metro Manila y famosa por las figuras de papel maché que se venden en la procesión anual de Turumba, y le pide a una familia de artesanos locales que hagan figuritas móviles de Waldi destinadas a ser comercializadas durante las Olimpiadas de Múnich de 1972; en realidad, el mismo Tahimik hizo quincalla de aquella, que se vendió bien. Hasta que por culpa de Septiembre Negro empezó a parecer… ¿indecorosa? (Si alguien que esté leyendo esto se acuerda de repente de que la abuela o el abuelo tienen un espantaespíritus de Waldi de aspecto más que curioso echándose a perder en el desván: ¡te lo compro!). Lo cual resulta interesante, ya que las Olimpiadas de Múnich fueron, en lo relativo a la mercancía que se distribuyó y al valor de su mascota, un hito en la historia económica de los Juegos, si bien solo en el plano de la mercadotecnia, no en el del éxito obtenido, puesto que Waldi fue un fracaso (no por casualidad, la versión abreviada del filme, que constituye su «encarnación original» de facto, por ser la que la televisión de la RFA le encargó a Tahimik para la serie en seis partes Vater Unser, se titula Olympisches Gold). Turumba posiblemente sea la manera más excéntrica que existe de entrar en el universo de Tahimik, un universo del todo singular (que lo es, desde luego; ¡nada de cosmos!), dado que está dirigida con un estilo que, comparado con otros, resulta clásico, y en ella el jefe mismo no aparece en pantalla; lo cual equivale a decir que se trata tan solo de una pieza de ficción inteligente y un tanto estrafalaria que se halla revestida de una notable plusvalía etnográfica.

Tal vez por esto el tercer filme de Tahimik, que en realidad es el segundo, Sinong lumikha ng yoyo? Sinong lumikha ng moon buggy? (1982), se ha visto poco en comparación, pese a constituir una especie de continuación de su debut, el de verdad, Mababangong bangungot (1977), que no solo es, en la historia del cine, una de las películas más sobresalientes y alucinantes con que puede presentarse un director, sino que también se convirtió al instante en una sensación cuando se proyectó en la Berlinale de 1977, desde donde se abrió camino hasta todos los rincones del mundo. Mababangong bangungot habla de las dificultades que experimenta un conductor de dyipnis enamorado de la imagen de los EE. UU. que se forma de tanto escuchar incesantemente Voice of America; y, como a la tierra de los hombres libres y el hogar de los valerosos también se la conoce por ser el único país del globo donde todo el mundo puede llegar a ser cualquier cosa, nuestro conductor de dyipnis quiere irse allá para hacerse astronauta; considerando que, según cuenta el mito, el diseño del vehículo lunar fue obra de un filipino de nombre Eduardo San Juan, lo anterior no suena tanto a sueño como a algo que hacer, y, de todos modos, ¿él no había creado ya un club de fans de Werner von Braun en su barangay, Balian? (Verificación de datos: Eduardo San Juan trabajó como técnico en el vehículo lunar, pero no intervino ni en la construcción ni en el diseño; qué asco, la realidad). El conductor de dyipnis encontrará el camino que va a llevarlo al mundo sobredesarrollado, si bien se tratará del camino equivocado: París, que resulta ser EL HORROR; si él fuese una japonesa, la embajada lo sacaría de allí en avión con el diagnóstico de neurosis de guerra cultural (que es, de hecho, algo que se hizo años atrás, cuando la turba inundó la capital francesa bajo el impulso de extrañas ideaciones románticas, para acabar descubriendo que la gente del lugar era… diferente de lo que ellos habían esperado); como no es más que un pinoy, un filipino, tiene que encontrar por sí solo el camino que lo lleve a casa. Llega ahora Sinong lumikha ng yoyo? Sinong lumikha ng moon buggy?, y nuestro conductor de dyipnis, o, por lo menos, su presencia cinematográfica, Kidlat Tahimik, está de vuelta en Occidente, pero en una de sus esquinas menos industrializadas: la Baviera rural, donde se afana en construir una nave espacial. La forma de los campanarios de las iglesias del lugar deja muy claro que se trata de un terreno poderosamente fértil para una empresa como esta. En general, nuestro Inocente en el Extranjero se siente comprendido por las gentes de allí, que se entretienen llamándolo yoyó, o memo, con benevolencia. Por cierto, el yoyó fue inventado, de hecho, en las Filipinas: como en el caso del búmeran, se trata de un arma indígena de caza, que nosotros, zascandiles decadentes, hemos convertido en juguete.

Tanto Mababangong bangungot como Sinong lumikha ng yoyo? Sinong lumikha ng moon buggy? son, estéticamente, distintas de todo lo hecho hasta ahora (o desde entonces, ya que estamos): ordinarias, dialécticas, surrealistas, brutalmente, directas; con una elaboración que tiende a asemejarse más a la construcción de una cabaña de techo de paja con ramas de saúco, cinta para acordonar el lugar del delito, cacharros varios sobrantes de entre las cosas que se les vendieron a los vecinos el año anterior y perlas que había llevado a la playa una ama. Dicho esto, tal vez no fuese del todo accidental que la RFA constituyese el lugar donde Tahimik empezó a hacer películas de esta manera (su manera), puesto que se respiraba allí una atmósfera que un artista de sus instintos podría encontrar propicia; ¿es demasiado apuntar a la existencia de paralelismos con Alexander Kluge en su período más estrambótico, cuando hizo morralla dialéctica de ficción científica antiépica?, ¿percibir ciertas afinidades con el más grande de todos los anarquistas bávaros del sector audiovisual, Herbert Achternbusch? O a la inversa: las Filipinas y la RFA mostraron, por motivos diversos y no siempre compatibles, un hondo interés mutuo durante los años de Marcos, que condujo a muchas «cosas» derivadas del intercambio cultural; y Tahimik fue, simplemente, el hombre apropiado, que se encontraba en el lugar idóneo en el momento adecuado.

Lo cual se hizo patente, de manera dolorosa, después de Sinong lumikha ng yoyo? Sinong lumikha ng moon buggy?, cuando el interés que despertaba Tahimik allí se desvaneció; Memories of Overdevelopment, que se inició justo a continuación de concluir Sinong lumikha ng yoyo? Sinong lumikha ng moon buggy? y dio como resultado, alrededor de 1984, algo parecido a las ruinas originales (33 minutos de escenas combinadas muy por encima), tendría que haberse ultimado como queda dicho, pero no fue así; la televisión de la RFA siguió cofinanciando distintos filmes artísticos de algunos realizadores filipinos, pero nada como las obras de Tahimik. El anticolonialismo visionario había quedado desfasado a mediados de la década de 1980 y se había puesto de moda la contrahistoriografía seria.

Desde este momento, la cinematografía de Tahimik va aproximándose aún más a un collage, un mosaico, un ensayo, en esa clave más documental que las películas vistas hasta entonces; de hecho, en los treinta y cinco años que transcurrieron desde el hundimiento de las originales Memories of Overdevelopment, Tahimik acabó solamente dos essais-fleuves: Bakit dilaw ang gitna ng bahag-hari? (1994), reelaboración de un proyecto doble llamado I Am Furious (Yellow) y I Am Curious (Pink) que se ocupaba de la revolución EDSA de 1986 y del período que vino a continuación, todo lo cual se engarza aquí en un tapiz más amplio en el que la vida cotidiana de la familia de Tahimik tiene tanta importancia como cualquier agitación política de consideración; un principio estético mediante el cual la historia del sirviente-traductor pinoy de Magallanes que llegaría a ser el Gastarbeiter originario, para acabar volviendo al hogar convertido en el primer hombre en circunnavegar el globo, sería traída a una (¡ja, ja!) versión acabada que llevaba el descarado título de Balikbayan #1: Memories of Overdevelopment Redux III (2015): un filme referido a cómo Tahimik, después del período que pasó en su mundo balikbayan de la RFA (porque, en ciertos sentidos, eso era lo que hizo), volvió a casa y tuvo una existencia maravillosa durante la que se dedicó a cosas agradables, como cuidar a sus hijos, vivir con los ifugaos y aprender de ellos, empezar a trabajar en la madera y en las artes performativas, etc., en tanto que el mundo no necesariamente iba a mejor. Las obras, más breves y por lo general de coproducción japonesa, que se crearon entremedias y al mismo tiempo que estos dos mastodontes, Takedera mon amour: Diary of a Bamboo Connection (1991) —para la cual se hizo su totémica cámara de bambú—, la serie Video-Palaro, de cortos estilo diario (a partir de 1992), Japanese Summers of a Filipino Fundoshi (1996) y Banal Kahoy (2002), son más bien creaciones accidentales, croquis, resúmenes, pausas preñadas de significado.

Tahimik dejó de hacer películas en 1984 y desde entonces vive como si la realidad fuese un filme, con la intervención de todos nosotros como actores o participantes, aunque la mayoría no vayamos a llegar nunca a la gran pantalla. ¡Pero ahí estamos!

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BAKIT DILAW ANG KULAY NG BAHAGHARI – AMARILLO DE RABIA

Kidlat Tahimik, 174'', 1981, Philippines
Escrita y dirigida por: Kidlat Tahimik
Cámara: Kidlat Tahimik, Boy Yniguez
Montaje: Kidlat Tahimik
Música: Tumandok, Gerry Baguio, Jessie Soluta, Boy Garrovillo, Tito Martinez, Ballatong Gaspalinao, Shant Verdun, Diokno Pasilan

Mientras Tahimik muestra la historia de su familia, nos está mostrando al mismo tiempo la historia de Filipinas. Este diario épico que abarca toda la década de los años 80, no solo documenta vacaciones en el extranjero y los primeros pasos de sus hijos –incluso una vuelta con Dennis Hopper en su viejo Cadillac– sino también terremotos y huracanes, la aparición de La Revolución del Poder del Pueblo, la destitución de Ferdinand Marcos y el ascenso de Corazón Aquino. Como dice Christopher Pavsek «esta obra maestra nos enseña cómo hay que enfurecerse ante las injusticias del mundo, pero también cómo encarar las injusticias con la más profunda alegría.»

BALIKBAYAN

BALIKBAYAN #1: MEMORIAS DEL SUPERDESARROLLO REDUX VI

Kidlat Tahimik, 159'', 1979, Philippines
Escrita y dirigida por: Kidlat Tahimik
Fotografía: Santos Bayucca, Kawayan de Guia, Kidlat de Guia, Abi Lara, Lee Meily, Kidlat Tahimik, Boy Yniguez
Montaje: Malaya Camporedondo, Charlie Fugunt, Chuck Gutierrez, Abi Lara
Vestuario: Katrin de Guia
Música: Los Indios de Espana, Shanto
Con: Kidlat Tahimik, Mitos Benitez, Jeff Cohen, Kabunyan de Guia, Katrin de Guia, Ka-wayan de Guia,

BalikBayan, que en tagalo significa retornado, trata entre otras cosas del regreso a casa de Enrique de Malacca, un supuesto esclavo malayo del explorador portugués del s.XVI, Fernando de Magallanes, quien circunnavegó el mundo antes de volver a su país como hombre libre. Kidlat Tahimik no se conforma con nada, ni contando el pasado colonial, ni con cualquiera de las versiones de esta película, que ha estado haciendo y revisando por cerca de cuatro décadas.

LAKARAN

LAKARAN NI KABUNYAN – EL VIAJE DE KABUNYAN

Kidlat Tahimik, 68'', 2018, Philippines

Lakaran ni Kabunyan  sigue al hijo de Tahimik, Kabayan, en un viaje desde su Baguio natal en las frescas montañas, hasta Davao, la pegajosa metropolis del sur, en una simpática furgoneta naranja. Originalmente esta película era una de las tres partes que componían Lakbayan (Viaje), una colaboración entre tres legendarios cineastas filipinos que incluía asimismo Desfocado ( Desenfocado) de Brillante Mendoza y Hugaw (Suciedad) de Lav Diaz.

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MABABANGONG BANGUNGOT – PESADILLA PERFUMADA

Kidlat Tahimik, 91'', 1977, Philippines
Escrita y dirigida por: Kidlat Tahimik
Fotografía y Montaje: Hartmut Lerch, Kidlat Tahimik
Música: Hanns Christian Müller
Con: Kidlat Tahimik, Mang Fely, Dolores Santamaria, Katarina Muller, Hartmut Lerch, Georgette Baudry

Pesadilla perfumada muestra las aventuras de un conductor de jipni, medio de transporte público filipino, que sueña con emigrar a Norteamérica y convertirse en astronauta. Cuando por fin llega con su jipni a Paris, la realidad del mundo occidental destruye sus sueños y decide regresar a Filipinas. Este primer largometraje de Tahimik, lleno de imaginativas metáforas visuales y que trasciende todos los limites, se hizo con el premio de la crítica en el festival de Berlin en 1983, seis años después de su realización. Como dijo Susan Sontang a propósito de esta película: «nos recuerda que la inventiva, la insolencia, el hechizo e incluso la inocencia son aún posibles en el cine».

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SINONG LUMIKHA NG YOYO? SINONG LUMIKHA NG MOON BUGGY? – ¿QUIÉN INVENTÓ EL YOYÓ? ¿QUIÉN INVENTÓ EL VEHÍCULO LUNAR?

Kidlat Tahimik, 95', 1978, Philippines
Escrita y dirigida por: Kidlat Tahimik
Fotografía: Kidlat Tahimik, Butch Perez u. a.
Montaje: Kidlat Tahimik, Karl Fugunt
Special Effects: Kidlat Tahimik
Animation: Santy Bose u. a.
Con: Kidlat Tahimik, Kitlat Gottlieb De Guia, Gisela Wolfbauer, Victor de Guia, Tom Richter, Katrin Müller De Guia u. a.

Kidlat Tahimik se asocia con un grupo de niños en una granja bávara para construir un cohete espacial. El objetivo es ir a la luna para comprobar si es posible jugar al yoyó en su superficie. Como señalan algunos diccionarios, el yoyó es precisamente un invento filipino. Es así como la granja alemana se convierte en la base del primer Proyecto Oficial Filipino Lunar o P.O.M.P (siglas de Philippine Official Moon Project).

TURUMBA

TURUMBA

Kidlat Tahimik, 95'', 1981, Philippines
Escrita y dirigida por: Kidlat Tahimik
Fotografía: Boy Yniguez
Montaje: K.H. Fugunt
Sonido: Ed de Guia, Neidhart Franke, Rolly Ruta
Música: Mandy Afuang
Con: Homer Abiad, Iñigo Vito, Maria Pehipol, Patricio Abari, Bernarda Pacheco, Katrin de Guia

En una pequeña aldea filipina, el pequeño Kadu y su familia elaboran figuras de papel maché para los rituales Turumba en honor de la Virgen María. Un día, el trabajo artesanal de la familia atrae la atención de la directora de compras de unos grandes almacenes en Alemania, que adquiere todo el stock y encarga otras 500 con la palabra Oktoberfest pintada en ellas. El proceso artesanal se transforma en una alienante cadena de montaje y muy pronto todo el pueblo se ve manufacturando frenéticamente perros salchicha, –la mascota de las olimpiadas de Munich de 1972–, poniendo en serio peligro a las mismísimas Turumba. Este cuento con moraleja nos advierte de los peligros del capitalismo.

Tui